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Lo que 6.160 calorías en una carrera revelan sobre las grasas y el rendimiento

Botella de aceite de oliva junto a dátiles y bidón de agua para una estrategia de nutrición deportiva.

Durante la Western States Endurance Run de 2025, Kilian Jornet ingirió unas 6.720 calorías, bebió unos 12,5 litros de líquido y consumió alrededor de 1.290 gramos de carbohidratos mientras recorría 161 kilómetros en poco más de catorce horas. Aun así, terminó la carrera con unos 2,5 kilos menos que al salir.

El dato resulta más llamativo cuando se estima el gasto total del esfuerzo: más de 16.000 calorías. Por mucho que consiguiera ingerir mientras corría, una parte enorme de esa energía tuvo que salir de sus propias reservas.

Lo que suele pasar desapercibido de su estrategia es que para cubrir esa demanda no se apoyó únicamente en los carbohidratos. Durante buena parte de la carrera, Jornet también recurrió a las grasas, entre ellas aceite de oliva y aceite de coco, en una proporción que fue cambiando a medida que avanzaban las horas.

En una carrera de catorce horas, la energía no procede de una única fuente ni se utiliza siempre de la misma manera.

Un déficit que ninguna ingesta podía cubrir

Comer mientras se corre también tiene un límite

Compensar por completo un gasto energético de esa magnitud comiendo en carrera habría sido prácticamente imposible: el aparato digestivo tiene un límite para procesar nutrientes bajo un esfuerzo tan intenso y prolongado. Aun así, la ingesta de Jornet fue considerable, una media cercana a los 86 gramos de carbohidrato por hora, que aumentó en el tramo final y, según los datos publicados, sin problemas gastrointestinales relevantes.

Pero la composición de esa ingesta no fue constante. Durante las primeras cuatro horas combinó unos 110 gramos de grasa: aguacate, frutos secos, cacao, aceite de oliva y aceite de coco con alrededor de 250 gramos de carbohidrato. A partir de ahí, la proporción de grasa fue bajando y los carbohidratos ganaron peso, hasta concentrar casi toda la estrategia en las últimas horas.

Jornet no eligió entre grasa o carbohidrato. Usó ambos, en proporciones distintas según el momento de la carrera.

Por qué la grasa tiene sentido en un esfuerzo de catorce horas

Más energía almacenada no significa energía más rápida

Un gramo de carbohidrato aporta unas 4 kilocalorías; un gramo de grasa, unas 9. Y las reservas de grasa del cuerpo, incluso en un deportista con un porcentaje bajo de grasa corporal, son muchísimo mayores que las de glucógeno.

El problema es que disponer de esa energía no significa poder utilizarla a cualquier velocidad. Cuando la intensidad del ejercicio sube, el carbohidrato gana protagonismo porque permite obtener energía con más rapidez; la grasa depende mucho más de la intensidad, el entrenamiento y la capacidad metabólica de cada atleta.

Son dos combustibles complementarios, no intercambiables, y eso explica por qué la proporción entre ambos cambió a lo largo de la carrera.

Por qué Jornet tomó aceite de oliva durante la carrera

Grasa cuando el ritmo lo permite, carbohidratos cuando aumenta la intensidad

Que Jornet tomara aceite de oliva en Western States no lo convierte en un gel energético líquido: cumplen funciones distintas.

El aceite aporta mucha energía en poco volumen, pero esa energía no está disponible con la misma rapidez que la procedente de los carbohidratos. Esto explica por qué la grasa tuvo su espacio en los primeros tramos, cuando la intensidad era menor, y fue cediendo terreno según avanzaba la carrera.

No hace falta atribuirle al aceite de oliva ninguna propiedad extraordinaria para que el dato sea interesante: uno de los mejores corredores de ultrarresistencia del mundo lo usó como una de sus fuentes de grasa dentro de una estrategia que combinaba varios combustibles.

La cuestión de fondo es más bien por qué un organismo entrenado puede sacar partido de esa combinación.

Botella de aceite de oliva virgen extra Dalivar Arbequina en un entorno de montaña y deporte

Que Jornet utilizara aceite de oliva durante la carrera no lo convierte en un suplemento deportivo. Lo interesante es el lugar que ocupó dentro de su estrategia.

¿Se puede entrenar al cuerpo para quemar más grasa?

Lo que encontró el estudio FASTER

Aquí el caso de Jornet cede el paso al estudio FASTER, que comparó a dos grupos de atletas de ultrarresistencia muy entrenados: uno llevaba una media de veinte meses con una dieta muy baja en carbohidratos; el otro, una alimentación alta en carbohidratos. El objetivo era ver cómo esos años de adaptación modificaban la capacidad de usar grasa como combustible.

Los atletas adaptados a la dieta baja en carbohidratos alcanzaron una tasa máxima de oxidación de grasa de 1,54 g/min, más del doble que los 0,67 g/min del otro grupo, y llegaron a ese pico a una intensidad mayor —70 % del VO2máx frente al 55 %—. Durante tres horas de ejercicio submáximo, la grasa cubrió una parte mucho más alta de su gasto energético.

Lo más sorprendente fue lo que ocurrió con el glucógeno: cabría esperar que unos atletas con una ingesta tan baja de carbohidratos tuvieran reservas musculares mucho menores, pero los niveles en reposo fueron similares entre ambos grupos, y también lo fue el patrón de utilización y recuperación tras el esfuerzo.

FASTER demuestra hasta qué punto puede adaptarse el metabolismo de un atleta de resistencia. Pero conviene no forzar la conexión: el estudio no analizó a Jornet y tampoco demuestra que oxidar más grasa haga que un atleta corra más rápido.

Los sujetos del estudio llevaban meses con una dieta extremadamente baja en carbohidratos; Jornet, en cambio, consumió 1.290 gramos de carbohidrato durante la carrera, con una media de 86 g/h que aumentó al final. Su caso no es un argumento contra el carbohidrato —es un ejemplo de que grasa y carbohidrato pueden convivir en una misma estrategia, cambiando de peso según la intensidad y la duración del esfuerzo.

Aceite de oliva y aceite de coco no son intercambiables

Dos perfiles de grasa diferentes

El aceite de oliva está compuesto principalmente por ácidos grasos monoinsaturados, con predominio del ácido oleico. El aceite de coco tiene una proporción mucho mayor de ácidos grasos saturados y una estructura de cadena distinta.

Esa diferencia afecta a cómo se metabolizan, aunque conviene no simplificarla hasta reducirla a “energía lenta” frente a “energía rápida” —la digestión y el uso de una grasa durante el ejercicio dependen de muchos más factores que el tipo de aceite.

Tampoco hay evidencia de que un AOVE de cosecha temprana mejore el rendimiento deportivo frente a otro aceite por conservar más polifenoles. La cosecha temprana y la extracción en frío sí son determinantes para la calidad de un aceite de oliva virgen extra y para preservar sus características sensoriales y ciertos compuestos minoritarios —pero eso es una cuestión distinta.

En la estrategia de carrera que estamos analizando, el aceite de oliva importa sobre todo porque es una fuente de grasa dentro de una alimentación mucho más compleja.

El otro entrenamiento de Jornet ocurre en el intestino

La tolerancia digestiva también se construye

No son solo las piernas. Consumir cantidades tan altas de carbohidrato durante más de catorce horas sin problemas digestivos importantes no se improvisa el día de la competición: el intestino también se entrena, exponiéndolo progresivamente a distintas cantidades, combinaciones y formatos durante los entrenamientos.

Con las grasas, esta adaptación y la tolerancia individual también importan. Una cantidad excesiva durante el ejercicio puede provocar pesadez o náuseas, y lo que un atleta tolera en un tramo suave puede no funcionarle cuando sube el ritmo.

Por eso copiar el aceite sin copiar la adaptación, años de entrenamiento, ensayo y trabajo sobre la tolerancia digestiva, es quedarse con la parte menos importante de la historia.

La estrategia nutricional de una ultramaratón también se entrena antes de llegar a la línea de salida.

Lo que estas cifras cuentan en realidad

Grasas y carbohidratos dentro del mismo esfuerzo

El caso de Jornet no demuestra que la grasa sea mejor combustible que el carbohidrato, ni que tomar aceite de oliva mejore por sí mismo el rendimiento. Lo que sí ilustra es que en la ultrarresistencia la cuestión no es elegir entre uno u otro, sino entrenar la capacidad de usar ambos según lo exija el esfuerzo.

Que uno de los mejores corredores del mundo incluya aceite de oliva en esa estrategia no lo convierte en un suplemento deportivo. Pero sí es un buen recordatorio de que las grasas también forman parte de la ecuación energética —y de que el aceite de oliva llevaba mucho tiempo en nuestra mesa antes de que empezáramos a hablar de flexibilidad metabólica.

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Preguntas frecuentes

Sobre las grasas, el aceite de oliva y el rendimiento

¿Kilian Jornet tomó aceite de oliva durante Western States?

Sí, entre otras fuentes de grasa como aguacate, frutos secos y aceite de coco. Su alimentación fue cambiando durante la carrera, con los carbohidratos ganando protagonismo en las últimas horas.

¿Tomar aceite de oliva antes de entrenar da más energía?

Aporta energía porque casi toda su composición es grasa, con unas 9 kcal por gramo. Eso no significa que esa energía esté disponible con la misma rapidez que la procedente de los carbohidratos; su utilidad depende de la duración e intensidad del ejercicio y de la tolerancia individual.

¿Puede sustituir a los geles en una carrera larga?

No. Cumplen funciones distintas: el carbohidrato es especialmente importante cuando hace falta obtener energía rápidamente. La grasa puede tener su lugar en ciertas estrategias de ultrarresistencia, pero no sustituye al carbohidrato.

¿Se puede entrenar el cuerpo para usar más grasa?

La evidencia, como la del estudio FASTER, indica que sí. Eso no significa que usar más grasa garantice un mejor rendimiento ni que una dieta muy baja en carbohidratos sea adecuada para cualquier deportista.


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